Los Cuatro Fundamentos Esenciales del Crisolismo
- Secretaría de Doctrina JNP

- 18 feb
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Actualizado: 24 feb

I. Neoestructuralismo y política epistémica: El crisolismo considera a la realidad humana como un sistema de relaciones intersubjetivas-objetivas [relaciones entre personas y de personas con su entorno y medio ambiente], fuente creadora de estructuras y superestructuras, interconectadas de tal manera que la particularidad de un hecho o fenómeno afecta al universo de posibilidades. Sin embargo, el ser humano no se pierde en la estructura, sino que es el elemento neurálgico de la misma. Es por ello que nada puede ser visto de una forma aislada sino siempre en su relación con el conjunto, pero ello no necesariamente menoscaba la trascendencia de un sujeto, hecho o fenómeno como ente aislado, sino que enriquece el análisis en tanto genera un escenario propicio para el más objetivo contraste, ya que particularidad y universalidad son consideradas. Por ello, la política no puede concebirse más o únicamente como promesa debida [en su relación con la acción política] o un mero sistema de creencias [en su relación con las ideologías], en particular de juicios de valor y declaraciones de objetivos, sino como el ejercicio del poder para la ejecución de un fin trascendental [siendo este fin el del bienestar y la seguridad del pueblo y] que tiene [o debería tener] como principales herramientas a las ciencias [naturales y sociales], como a las humanidades, para generar una visión de conjunto más amplia que genere por ello mayor predictibilidad y sustentabilidad de tanto de las propuestas políticas en el tiempo como a la eficiencia de la gestión pública.
II. Nacionalismo integral: El crisolismo, y partiendo de este enfoque neoestructuralista, considera que el nacionalismo como concepción pura, es decir, solo bajo la interrelación de conceptos que confluyen en su surgimiento, es la exaltación sana de la nación, la patria y el Estado, en aras de lograr una Unidad, férrea y monolítica. Este concepto puro fluye se desprende de todas las experiencias pragmáticas del nacionalismo histórico, en tanto se reconoce que el Nacionalismo es un fenómeno universal, común a todos los pueblos y trasversal a las ideologías políticas. Es por ello que es el principal enemigo de la globalización. Ante la homogeneidad totalizante y unipolar, representa particularidades diferenciantes y multipolares. Asimismo, partiendo de este concepto puro, genérico, universal, se plantea un concepto específico, particular, para el caso peruano. Se habla de un nacionalismo peruano, como exaltación sana de una nación peruana, de una patria peruana y de un Nuevo Estado peruano. Una nación y una patria peruana, con base en el reconocimiento del sincretismo cultural, y un Nuevo Estado peruano como manifestación de esta voluntad sincrética, que auténticamente manifiesta la voluntad de un volkgeist peruano expresado en la búsqueda de la armonía entre el orden y la libertad, pero también entre la libertad y la justicia.
III. Democracia meritocrática: El crisolismo no es partidario de la dictadura, sino tan solo como medida de excepción, pero en el cauce normal de acontecimientos políticos, vela por el ejercicio de una auténtica y real democracia, que plasme esa voluntad nacional, siendo que el medio para ello es, a consideración de la teoría crisolista del gobierno, la meritocrácia para la elección de cargos públicos, que asegure un filtro mínimo de idoneidad para el ejercicio político, y que coadyuve a contrarrestar la improvisación. La nueva democracia contemporánea ya no será liberal [la que solo permite la participación a través de un sistema de partidos y que ha de-generado que los intereses de éstos se enquisten y se cartelicen de espaldas a la sociedad, aunado a la ausencia de filtros mínimos para el ejercicio político sin los cuales no se puede garantizar la presencia de personas integras en la política] sino iliberal [no-liberal], una forma de gobierno sustentada en el ejercicio de la soberanía popular a través de varios órganos de participación –no solo Partidos Políticos [sino también Colegios de Profesionales, Universidades, Sindicatos, etc.]– que se eligen por votación, con requisitos meritocráticos mínimos para el ejercicio de cargos públicos. Esto, para el contexto peruano, será la base, la etapa de transición que nos conducirá a la laocracia [el poder del pueblo por oposición a la democracia liberal, el poder de los lobbies], el Estado como instrumento del pueblo.
IV. Ontología peruanista: La Peruanidad bajo el sufijo –dad– que implica cualidad [del Perú como nación o de los peruanos como miembros de la nación peruana], es lo que hace que el Perú sea lo que es, y es lo que hace que el peruano se identifique como tal ¿Que es precisamente “Eso” que hace que el Perú “Sea”, es decir, que sea algo, que sea esta nación en particular y no otra, y que hace que el peruano se identifique como lo que “Es”? Ello no puede ser otra cosa que nuestra historia, nuestra cultura, nuestras tradiciones, nuestras costumbres, nuestra espiritualidad y religiosidad, nuestros conocimientos ancestrales y cotidianos, que van desde Caral, pasando por el Imperio Cuzqueño y el Virreinato, hasta la República, y que continúa enriqueciéndose hasta nuestros días. Lo cual no solo nos permite como peruanos reconocernos como parte del Perú, sino reconocernos en el otro, lo que implica el identificarse con otros que son parte de esta misma comunidad nacional, o lo que es lo mismo, identificarnos con otros peruanos al igual que nosotros bajo las categorías de compatriota y connacional. El renacimiento de la Peruanidad, por ello, es un evento ontológico, en tanto expresa el renacimiento de los peruanos en la mejora de sus formas de expresión vivencial [política, economía, cultural, ciencia, tecnología, etc]. Acorde a ello, no será dificil de reconocer que vivimos una epoca de vacio ontológico del Ser Nacional peruano, porque nuestra expresión vivencial no esta acorde con nuestro glorioso pasado ancestral. La Peruanidad por ello, se encuentra a la espera de ese gran evento del retorno del Ser Nacional por intermedio de la acción de un Estado fuerte acorde con las aspiraciones de nuestro auténtico destino ontológico como nación.
En: Lira, Israel (2019) Fundamentos del Crisolismo. Editorial IIPCIAL.

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