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El Legado de la Dignidad Imperial en nuestra Historia Nacional

  • Foto del escritor: Secretaría de Doctrina JNP
    Secretaría de Doctrina JNP
  • hace 7 minutos
  • 3 min de lectura


El Incario fue un Estado universal. Supo llevar con suprema prestancia la dignidad imperial. No se ha borrado este sello de la historia del Perú. Lo mantuvo el Virreinato aún después de las amputaciones realizadas por la dinastía borbónica.


Resurge sobre todo en la época de Abascal, cuando este Virrey, con elementos principalmente peruanos, criollos blancos, mestizos e indígenas, sostuvo el predominio de la autoridad imperial contra la dispersión de las soberanías en la revolución de los cabildos en Quito, Charcas, Chile y Buenos Aires.


Abascal sintió el “imperium” y puso al servicio de él todos los elementos que habían constituido el antiguo virreinato y el antiguo Estado de los Incas. Parecen éstos revivir al conjuro del ideal de la lealtad monárquica.


La orientación equivocada que representaba esa lealtad no puede alterar el criterio histórico en la apreciación de la magnitud de la empresa y del significado intrínseco de los esfuerzos realizados… El enorme esfuerzo de afirmación nacional e imperial que hace el Perú dentro de la orientación equivocada de la lealtad monárquica nos llevó a la independencia completamente agotados. Las energías y la actividad del Perú se gastaron en el vano esfuerzo de afirmar la lealtad de la dinastía que no comprendió ni los intereses ni el destino histórico de sus posesiones en América. El carácter trágico y transitorio de ese momento imperial del Perú no puede justificar el que se le olvide, porque él representa, en primer término, la prueba del valor e intensidad de la peruanidad en esos momentos, y porque explica la posición desfavorable del Perú frente a las corrientes emancipadoras en el segundo período de la revolución.


Este legado de dignidad imperial [disminuido y algunas veces casi menoscabado en su totalidad, resiste aún y] se conservó en la República. Estaba en la tierra y en el aire. San Martín se rebela contra el gobierno de Buenos Aires y crea un gobierno independiente en Chile, pero al llegar al Perú no se siente simplemente un soldado victorioso; asume el gobierno y sueña con establecer una monarquía que comprendiese el Perú, Chile y el Río de la Plata semejante a las provincias unidas de Hispanoamérica, con un Inca a la cabeza, que propuso en Tucumán el espíritu generoso de Belgrano….


Nosotros debemos conservar este valor de la dignidad imperial que no puede tener hoy, consolidadas las nacionalidades y definidas las fronteras, manifestaciones territoriales, pero sí intensas manifestaciones espirituales. Ocupa el Perú un puesto de primogenitura en América. La civilización de territorios que son parte de Colombia, del Ecuador, Chile, Argentina y Bolivia fue obra, en la época precolombina, del Imperio de los Incas. Y en la colonia, la irradiación cristiana civilizadora a esas mismas regiones tuvo su centro en Lima; y si la independencia surge en la periferia del enorme imperio, sólo se consolida cuando convergen en el Perú los ejércitos de San Martín y Bolívar.


La defensa de la peruanidad supone el celoso y vigilante cuidado de todo lo que compromete o manche la dignidad imperial de nuestra tradición. Hay que educar a las generaciones jóvenes en este culto y en la conciencia de la majestad moral de nuestra historia… El amor a nuestra historia nos impone el incansable denuedo de conservar en nuestra vida el sello que le imprimió la indiscutible grandeza de los imperios incaico y virreinal, de los cuales somos sucesores…


En. PERUANIDAD (1987). Víctor Andrés Belaunde. pp. 47-50. Obras completas V.A.B. Primera Serie El Proyecto Nacional. Edición de la Comisión Nacional del Centenario.


Atte. Secretaría de Doctrina y Programa Político

 
 

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